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.: La historia de Ix :.
 
 

Estaban sentados en el borde de un cristal de roca, mirando la ciudad que se perfilaba a la distancia. Todo tenía la misma tonalidad traslúcida. Desde allí arriba veían el Imperio, que no había variado en cientos de años.
Siempre las mismas estructuras cristalinas, el mismo resplandor simulando al Sol, la suave vegetación de finos helechos, la vertiente de agua que se deslizaba en círculos.
Dentro del Planeta, en su enorme hueco central a cubierto de inclemencias y sorpresas existía una forma de vida.
Habían llegado de otro mundo, cuando los seres gestados en La Tierra comenzaban a balbucear y comunicarse. Se mezclaron con diversos grupos, les transmitieron ciertas pautas y volvieron a su planeta de origen.
Los terrícolas continuaron su existencia impregnados por el destello Universal, pero avanzaban hacia el amor y la bondad y retrocedían entre guerras y crueldad.
Algo había fallado en el desarrollo de la humanidad y ese motivo extraño, que no había sido pautado ni concebido, motivaron el regreso de los Regentes para tratar de encauzar y corregir los desvíos.
La fuerza del Planeta y su increíble poder de gestación provocaban un desequilibrio emocional afectando los organismos y las mentes. Cuerpos sanos, enfermos, multitudes doloridas que peleaban y mataban.
Los extraterrestres deseaban estar cerca de su creación y de alguna manera presenciar los acontecimientos a medida que se suscitaran entre los terráqueos pero ahora sin interferir ni condicionar su desarrollo.
Decidieron no estar en la superficie para evitar posibles contactos.
Milenios atrás ingresaron por uno de los polos y construyeron una ciudad etérica y resplandeciente, plena de luz.
Serían espectadores de los acontecimientos de la superficie procurando no interferir.
Dominaban la materia e iban más allá, penetrando en otras dimensiones y de esa forma estar en el Eterno Presente. Podían volver a su origen si así lo determinaban. Casi eran eternos aunque el tiempo de ellos difería completamente del tiempo de los terráqueos. Un año terrestre podía equivaler a un segundo de sus existencias.
Por esta razón ellos podían ser recién llegados a La Tierra y sin embargo estar desde hacia cientos de años.
Ix al igual que todos poseía esa prodigiosa virtud de ser material e inmaterial empleando el poder del espíritu y su relación con el tiempo era similar.
Dominaban la materia, el pensamiento, las emociones y sensaciones. Los humanos los reconocerían como Dioses en caso de establecer contacto.
Una sombra alteraba el cumplimiento del plan tal como fuera concebido. Ix quería transformarse en humano, quería compartir la vida dentro de una sociedad y averiguar las causas de los desvíos y el desequilibrio en que transcurría el devenir de tantos hombres y mujeres.
Yu su amiga y compañera trató de disuadirlo empleando todo su amor y su luz. Le transmitió con su esencia las vicisitudes que debería afrontar. No podía hacerle sentir las amarguras ni los sufrimientos que padecería pero insinuó que quizás perdería el conocimiento alcanzado y nunca más lo podría recuperar.
Ix estaba resuelto en transformarse y descubrir el problema que generaba la falta de equilibrio y armonía, las guerras y luchas de poder experimentando los procesos que atravesaban los humanos.
Él entendía en una visión irrefrenable que debía experimentar aquello vivido por esos seres en su alegría y sufrimiento, su egoísmo, los celos, la pasión, el movimiento, la desesperanza, la melancolía, las angustias, el miedo y toda otra emoción que los perturbara.
Ix y los suyos concebían el amor en su más alta sublimación, pero sin fuego, sin devoción absoluta. Sólo era representado en una manifestación trascendente, noble, pura, serena, de integración plena, en la que penetraban en otro espíritu y de esa forma dos seres eran uno.
Yu captaba todo esto y defendía su estado y el de los otros. ¡Cuánto les había significado ser parte de la Esencia! ¡Cuantas vibraciones para alcanzar la unidad! ¡ Cuantas frecuencias disonantes y pasajes por planetas tétricos, adquiriendo formas distintas!
Desandar el camino en pos de una quimera para empezar de cero.
Ix contemplaba el Imperio, percibía la lucha de Yu. Si no hubiera sido por su afán de evitar que alzara el vuelo, ya hubiera partido. Sabía que los otros pensaban como ella.
Trataban de impedir que perdiera su estado próximo al séptimo grado, obtenerlo sólo de él dependía.
Ellos sabían que en los altos grados el tiempo necesita reflejos de magnitudes superiores.
Ix resultaba una manifestación de la esencia y provocaba una emanación semejante a la trascendencia que producía el nacimiento de una estrella. Una alta energía desplegada en el esfuerzo por lograr volver al punto inicial, generada por la resolución de su cambio de estado requería una firme decisión.
Yu no estaba convencida, resistía. Le arrojo visiones, le mostró su alma herida, su muerte aquí y allá, apoyada por todos. Ellos sentían un inmenso contacto con Ix. Sabían del riesgo que implicaba su transformación.
Además no podrían ayudarlo una vez iniciado el proceso. Quedaría a la deriva, sin recordar nada, sin saber de su anterior existencia, pudiendo resolver las vicisitudes sólo por medio de las nuevas experiencias.
Si era afortunado podría lograr a través de la inspiración el desarrollo de las facultades extrasensoriales y a su muerte terrena volver con los suyos.
De no ser así se convertiría en un errante, que vuelta a vuelta retornaría a la superficie.
Ix le sonrió, había vibrado con todo aquello que ella transmitiera en influjo resonante y más aún cuando reflejo a aquellos que habían ido, no por propia decisión sino enviados para enseñar.
El iba sin designio, sin misión, contrariando las leyes.
Por un momento quedo desestabilizado, se incorporó y recibió el influjo del Imperio. Desde épocas lejanas asimilaba la consciencia total, un paso más y dejaría de ser forma, abarcaría el Todo al unísono. Sería parte de lo Infinito, de lo Eterno, de la Expansión permanente.

   


Volvería al origen aportando el caudal de una consciencia de sexto estado, permeable a la comprensión y al ser sin interrogantes.
Algo lo empujaba a no cumplir el ciclo. Era una sensación de vacío ante la plenitud. Como el de no querer integrarse a la esencia, porque él había vislumbrado la esencia y si bien esta representaba el estado absoluto quería disfrutar de los misterios y la incertidumbre.
Se había adelantado a los suyos por esa misma inquietud y sabía algo más que ellos.
Si bien el séptimo estado representaba el momento final del proceso evolutivo, una vez alcanzado ya no se volvía. Allí estaba la clave.
Sabía de sus fuerzas para demorar un instante su partida al Tiempo. Esa era una de las razones de su vuelta, vivir nuevamente entre esos seres, en ese laboratorio extraño llamado planeta Tierra, por los humanos. Generador permanente de vida y formas. De espíritus vibrantes, de luchas intensas, de alegrías y dramas, de amor y odio, de guerras y paz, de ignorancia y sabiduría, de egos superlativos y de humildad. Torrentes de incomprensión, ausencia de consciencia, excesos de poder impuestos por individuos minúsculos para imponer su historia.
Lucha cruel que siempre repetía hasta las mismas palabras y promesas.
Un gran desafío el de Ix, aventurarse en esa vuelta para vivir una vida concreta que seguramente no le depararía aquello que anhelaba.
El argumento fundamental para realizar este proceso era que representaba la última oportunidad antes de ser Eternidad.
Si bien en su estado como el de sus compañeros, unos podían estar en otros, en otro lugar, en el mismo instante, aún conservaban la individualidad, aún se identificaban con nombres y se comunicaban telepáticamente.
Traspasado ese estado, todo era todo en todos los lugares. Surgía la consciencia total hasta más allá del Universo y de las Dimensiones, por toda la Eternidad, por toda la Infinitud y ya no se podía regresar a estados inferiores. En la Luz se era Luz.
Cada esencia volvía a la Esencia primordial para no desligarse más formando parte integral de la Consciencia Cósmica de la Eternidad.
Esa era la lucha de Ix, sabía que alcanzar el estado Supremo era para siempre. La Ley debía cumplirse. Comenzar desde el principio, siendo parte del gran crecimiento, ir ascendiendo en el conocimiento. Al principio hidrógeno en el Espacio, luego piedra depositada, más tarde organismo, después sensación y emoción emergentes y casi llegando al fin del proceso, Consciencia.
Era desandar un poco el camino, retroceder y detenerse momentáneamente. Pero podría volver a la Esencia con un destello de luz distinto, que nunca había sido aportado.
La tentación lo desafiaba, la sensación única nacía y terminaba en él.
Yu había recibido el mensaje, se resignaba, sabía que no podía hacer nada. La decisión era de él.
Habían sido partes unidas en una metamorfosis permanente, comprendiéndose, pero las inquietudes de Ix superaban los estados.
Ahora recordaba cuanto había luchado ante el Consejo, para poder intervenir en las actitudes de los seres de la superficie y modificar drásticamente sus conductas. Y el tiempo demandado en persuadirlo. Así y todo nunca quedó satisfecho.
Sostenía que en infinidad de planetas no se comenzaba la existencia como en La Tierra. Cual era la razón para que estos seres transitaran pruebas tan crueles y produjeran emociones tan contradictorias.
Yu entendía, alcanzaba a discernir claramente el significado de la consciencia expansiva. Una fuerza provocada por el inconsciente colectivo de los seres de la superficie había enredado a Ix, tratando de extraerlo de su estado.
Los habitantes de la superficie sabían que había otros seres y otros estados. Entre ellos existían los bien intencionados que trataban de descifrar el psiquismo de sus congéneres transmitiendo ciertos indicios sin pruebas fehacientes, creando la ilusión de los mecenas.
Entonces las masas ávidas de respuestas y esperanzas recibían esas pseudoverdades y sus ansias y sensaciones se unían en el deseo de tener con ellos a seres pertenecientes a un estado superior, si bien desconocían el proceso que transitaban.
Yu fue dándose cuenta que una influencia inducida había atrapado a Ix. Quizás él fuera el más receptor. El consejo debería estudiar este acontecimiento, ya que la decisión de Ix estaba influenciada, imbuida por una energía exterior.
Ix leyó en ella sorprendido y fascinado por su percepción e inspiración.
Hasta ese momento creía que la necesidad y la sensación de transformarse en un terrestre nacía de su interior.
Descendieron del cristal de roca, siguieron el sendero. De vez en cuando como ocurría frecuentemente se producían temblores, sismos propios del Planeta, en su constante palpitar.
Llegaron al palacio del pequeño imperio donde el Concejo se hallaba reunido. Ellos también ya sabían y los aguardaban.
Se sentaron en las butacas de cristal que formaban un círculo alrededor de una gran esfera transparente, que sintetizaba los siete grados evolutivos.
A medida que la comunicación avanzaba, la esfera se expandía, adquiriendo otras formas, hasta contenerlos a ellos e incluso a todo el imperio.
Era una transmutación plena en donde Ix recibía todo el influjo de aquellos espíritus.
Le mostraron su ida, el dolor que sentiría, la soledad que sufriría. Vagamente el sabría de su anterior estado y secretamente se sentiría distinto, acrecentando su padecimiento.
Todo lo olvidaría y después de este ciclo, si no hubiera perdido la irradiación de la cual estaría impregnado: Volvería.
Pero el gran peligro existía latente y ahora era más visible. El influjo de los que lo rodearan podría interrumpir el nexo, ya que ese libre inconsciente colectivo, determinaba la realización de acciones perturbadora y la búsqueda de sensaciones, hacía posible la pérdida de la identidad interior hasta su anulación. Además las carencias y vicisitudes en el plano concreto de las formas, podría arrastrarlo por el torbellino de tormentos, que ellos ya no podían precisar.
La libertad hipotética de las acciones y pensamientos quedarían jugando con su esencia, siendo él: el viento y la hoja.
Sabían la razón, presumían las consecuencias, ignoraban el desenlace . Él volvería a ser la prueba y la incertidumbre, el alma y la carne, la lluvia y el aire.
Tendría una consciencia y una inconsciencia, imaginación, principios éticos y frustraciones.
Sufriría al ver a los otros seres en la desidia, la crueldad, el vacío de sus vidas autómatas y condicionadas.
Le advirtieron sobre la mentira y la hipocresía, sobre las ansias de riqueza y poder de los ambiciosos. Sobre la mansedumbre de los pobres, la ignorancia y falta de deseo de superación.
Todos coincidían no obstante en lo asombroso de esa fuerza mental que había incitado a uno de los suyos en ir hacia ellos.
Significaba que los terrestres conocían ciertas verdades intentando acercarse al conocimiento, esos pensamientos asimilados y liberados volvían a ellos con una mayor energía en el tránsito de las generaciones.
Intuían que el pasado, presente y futuro era en el mismo instante, con solo transponer la frontera de las formas. Una fórmula básica de la Consciencia Cósmica.
El más venerado del Consejo se incorporó y yendo hacia Ix lo envolvió con su esencia y amor que también emanaba de los otros.
La esfera fue adquiriendo su forma primitiva e Ix se recostó a su lado y fue adormeciéndose.
La transmutación fue paulatina y lentamente Ix dejo de ser Ix.

   

 
 
 
   Pedro F. Callegari