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El aspecto sexual está presente en toda la vida animada. Es la partícula elemental que consigue la perpetuidad de todas las especies.

Los reinos vegetal, animal y el hombre aseguran su continuidad en virtud de este maravilloso código impuesto desde el inicio de esta Creación.

Es una fuerza viva como la ley de gravedad que esta presente permanentemente y sólo la apreciamos por sus resultados y consecuencias.

Que gestó este proceso, como se diseñaron los mecanismos químicos, eléctricos y emocionales para hacer del acto sexual un deleite irresistible.

La respuesta resultante es que existe una Suprema Inteligencia Creadora perfecta, que tiene en cuenta hasta el mínimo detalle para la creación de Vida como la entendemos desde esta óptica.

Esta Suprema Inteligencia, para muchos llamado Dios, ha elaborado en la materia un complejísimo hilván, posibilitando la aparición de formas que se manifiestan en períodos definidos de existencia.

El sexo motor indiscutido repite la consigna y se concreta en la cópula.

La motivación dada por el placer desarrolla intrincados juegos en algunas especies, sobresaliendo el hombre con sus refinamientos en la explosión de infinidad de juegos para prolongar y exaltar el propio deleite.

Siglos de incursiones en los misterios del goce, abarcando perversiones, libertinaje, masoquismo, sadismo, erotismo con el fin de aumentar el placer, fueron los patrones de las diferentes sociedades, que a diferencia de las otras especies, buscaban la satisfacción plena a través de la lujuria y el desenfreno. Algunas sociedades alcanzaron tal exaltación por el sexo que descubrieron nuevas formas en donde las posturas y la mansedumbre reflejaban un incipiente contacto de mayor reconcentración.

La exaltación del instinto marca en forma permanente el objetivo vital, manifestado con total esplendor acuñando para sí la plena satisfacción, al finalizar el orgasmo.

El planeta vibra en las ráfagas sexuales de todas las especies y particularmente en las que produce el hombre. Pensar que durante un día decenas de millones de individuos exteriorizan su pasión en pulsiones de diversos grados de intensidad, permite concebir el halo que circunda el Planeta.

Esa pasión es una energía sutil que trasciende al espacio y puede recrearse en el Planeta o elevarse hacia el Cosmos siendo aprovechada por la materia para su propia activación.

Si el goce sexual se canaliza por sí mismo sólo se logra un momento de plenitud, pero si se intenta establecer un acto absolutamente consciente en donde se transmite, con total libertad el sentir en los mínimos detalles, se establece un contacto espiritual, aunque se halla descendido a los abismos de las bajas pasiones.

Algunas escuelas y maestros han tratado de enseñar una parte de esta premisa, pero la mayoría ha quedado en el afuera, en el desprejuicio, en la desnudez, en el concepto y no han alcanzado la esencia, que representa despertar el propio espíritu por medio de un vehículo tan maravilloso como el sexual, perdiendo la posibilidad de realizar un acto de creación y experimentación interno capaz de llevar a la consagración del Ser.

Sin duda los tabúes gestados por las religiones, las costumbres, los mitos y los prejuicios han desarraigado a los individuos anulando el contacto con su interior. Ese desarraigo es el causante de la falta de equilibrio en el tránsito por la vida y deja escapar el fin primordial de la existencia que es la consustanciación con el propio espíritu y con el alma.

Más allá de las formas están las no formas y justamente la energía canalizada en el placer no tiene forma pero si tiene fuerza y esa fuerza puede ser enviada hacia el exterior o buscar el depósito interno de la mente, para anclar el estado de alta vibración capaz de provocar la sintonización con lo superior.

El hombre tiene cuerpo, mente, espíritu y alma, aquellos más desarrollados son los que viven en conexión con los cuatro estadios pero lamentablemente son pocos. La prueba de esto es que si se transitara el camino correcto, de los cuatro estadios, la humanidad no viviría los dramas y las luchas a las que por centurias se ha visto sometida.

Justamente con el despertar del espíritu se abre la comprensión y se puede alcanzar la Paz interior al poder transmitir con palabras las emociones , sensaciones y pensamientos surgidos ante el máximo placer producido por el acto sexual, donde es posible alcanzar un estado de trance absolutamente consciente.

SAl abrir los canales de la liberación se penetra en un laberinto ascendente hasta alcanzar el éxtasis máximo, logrado en la bifurcación de la satisfacción y la plenitud de la consciencia.

Los esquemas se rompen y nace una nueva partitura, con una música celestial que promulga a la esencia, para que sea la mentora del futuro accionar de la persona que alcanzó el fuego y pudo estallar en el impulso de la sublimación de la máxima sensibilidad.

Y hasta es posible la unión con la Suprema Inteligencia y en ese estado alcanzar la comprensión del Todo, libres de preconceptos, de prejuicios, de tabúes, sincronizados con la Sabiduría Absoluta que esta en la Mente Hacedora.

El placer trasciende el contorno y se transforma en éter y se expande por el Espacio sin fronteras, en círculos siderales, alimentando con su resonancia otras representaciones de Materia. Desde el Cosmos regresan nuevas representaciones de Vida signadas por un destino inexorable, obligadas a transitar un camino señalado. Es que el círculo nunca se detiene, el libreto reitera las acciones y toda la vida repite las mismas situaciones, integradas por las emociones, el pensamiento y el instinto.

Nuevamente se producen las gestaciones, es como el movimiento perpetuo con distintos personajes y todo vuelve a empezar. Cada individualidad se sintoniza consigo misma, con los elementos que le fueron concedidos y los utiliza en forma aleatoria mezclando aquello que se quiere hacer con lo que se debe hacer.

Los resultados son lo que son, aparentemente.

 

 

 Pedro F. Callegari