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La Oscuridad y la Luz

El Hombre es un gran receptor, cuenta con los elementos necesarios para recibir las señales del Universo.
Internamente posee los atributos requeridos para codificarlos y actuar en consecuencia en función de las condiciones internas, los programas grabados genéticamente, el medio social y las experiencias de vida.
La influencia de los medios, las propagandas de artículos manufacturados, de viajes, política, religiosas, programas periodísticos de distintas tendencia, imágenes y todo aquello que se desarrolla en las sociedades es absorbido y deglutido con poca resistencia y en muchas situaciones sin críticas esclarecedoras. Obrando en consecuencia. Sin tomar en cuenta los mensajes subliminales que circulan por los medios para transformar ideas y conceptos concebidos y moldear un cambio en las mentes.

El Universo misterioso contiene infinidad de sombras invisibles, entre ellas la gravedad, las fuerzas del movimiento, la sustentación de los cuerpos, el magnetismo, la luz, el éter, fuerzas de repulsión y atracción.
El hombre viaja en una nave llamada Planeta Tierra sin tener noción que se desplaza a 107.000 Km/hora y que la Tierra gira a 1.675 Km/hora en una rotación galáctica a 810.000 Km/hora. Todo pasa sin percibirse, sólo los físicos, astronautas, astrónomos alcanzan a tener idea, desde la ciencia que no puede comprender la otra magnitud, representada por el hecho trascendente de este viaje real, del cual la consciencia pierde conexión con una realidad que no se siente ni se ve.

Viajamos todo el tiempo veinticuatro horas al día, trescientos sesenta y cinco días al año ignorando esto que ocurre, sin alcanzar a magnificar estos hechos tan fantásticos. Lo extraordinario es que ocurre sin poder visualizar en la consciencia algo tan importante, sin concebir que en un momento puede transformarse en una montaña rusa que descarrila.

Qué arquitectura tan magnífica nos rodea en este viaje repetitivo, con nosotros el reino animal, vegetal y mineral juegan un papel para entretener la mente y seguir con la ensoñación.
Alguien juega con la existencia e impide mediante argucias de todo tipo, que podamos abarcar la totalidad. Sólo permiten visualizar fragmentos de la realidad inconmensurable.
Sería muy distinto si pudiéramos proyectarnos en la percepción de La Tierra desde el Cosmos y ver su traslación y rotación e incluso su bamboleo, desde otro tiempo, en otra velocidad y así incrementar la comprensión y la magnificencia del Espacio.

Algunos privilegiados han dado un saltito hasta La Luna en cañitas voladoras con sus miedos e imprevistos y exhibieron unas insulsas fotografías de La Tierra y de la misma Luna, algo de Marte tratando de buscar vida en otros lugares.
Como existe todo esto también puede existir algo que el hombre no alcanzó a percatarse. Si él fuera sólo un receptor y todo estuviera impregnando el Espacio incluyendo la densa oscuridad no visible y la diáfana luz de la pureza, llegando al hombre en función de sus propias características receptivas, éste actuaría en función de su condición en el eneagrama.

La Oscuridad y la Luz están fuera en el Espacio y en el Tiempo y la naturaleza humana roza una y otra, según la predisposición que repentinamente puede parecer una elección. Entonces suceden los acontecimientos provenientes de lo denso o lo diáfano llevados a cabo por individualidades que son ejecutoras de acciones.
Las emociones de miedo o amor con todos sus derivados califican en uno u otro sentido la acción y la ejecutan.
La bondad emana de la luz, la maldad de la oscuridad, está afuera y se incorpora según la receptividad del hombre.

Existe un dominio de lo externo hacia lo interno pero para que el proceso se lleve a cabo debe existir una captación condicionante que resultará de las cualidades que posea el individuo.
La forma de evitar estos procesos y disponer de un principio de libre albedrío es conocer las causas para evitar la dominación de lo externo.
Esto es posible si se alcanzara a generar Luz interna y en esa condición las tinieblas desaparecerían ante lo inefable de saber que conscientemente el Ser parpadea Luz.
Al sentir la emanación de Luz, cambian los estados y el Ser es glorificado, ante un vuelo supremo de Consciencia e Iluminación que hace radiante su tránsito por La Tierra y hasta puede ver el desplazamiento del Planeta por el Cosmos en otro Tiempo y Velocidad.
El Ser transformado, por momentos deja la forma llegando al contacto con la Consciencia Cósmica para recibir el conocimiento Divino.
Todos tenemos la posibilidad..

 

 


Pedro F. Callegari
4/10/2014.

 

 

 

 Pedro F. Callegari